SINOPSIS
En un futuro cercano, donde América está sumida en una cruenta guerra civil, un equipo de periodistas y fotógrafos de guerra emprenderá un viaje por carretera en dirección a Washington DC. Su misión: llegar antes de que las fuerzas rebeldes asalten la Casa Blanca y arrebaten el control al presidente de Estados Unidos.
CRÍTICA
El director y guionista Alex Garland recupera aquí su mejor versión, aquella que le condujo hasta su ópera prima, 'Ex Machina' y se cuela definitivamente, con este tensionado, impactante e inmersivo drama antimilitarista, político y social, en esa distinguida y corta lista de autores que hacen de un blockbuster un lugar tremendamente juguetón, a la vez que desasosegante e inhóspito, pero que invita a la más abisal de las reflexiones. 'Civil War' no es la vacua pirotecnia que erróneamente nos indica su trailer. Va un paso más allá. Porque a pesar de tratarse de una distopía, se siente muy real y alarmantemente pegada a nuestra aciaga contemporaneidad. Y porque, además de esquivar sus balas, como ya pasaba en los anteriores trabajos de Garland ('Anihilation', 'Devs' y 'Men'), el espectador, desde su butaca (imprescindible verla en una sala de cine) debe sortear la desesperanza y el desaliento del mensaje que nos lanza.
Para que os hagáis una idea, 'Civil War' seria como si una aguerrida Katherine Bigelow y un Denis Villeneuve menos intenso hubieran rodado juntos el resultado de la suma de 'Bajo el Fuego', 'Nightcrawler', 'La Carretera' e 'Hijos de los Hombres'. Esta cinta sobre el auge de la división y los autoritarismos en el mundo, que parece inspirada en los últimos asaltos a los Congresos americanos y brasileños, nos habla del fin de Occidente. Del más conocido e idealizado por todos. Ese que vive enmarañado en discusiones cuyo origen es lo de menos e inmiscuido en absurdas batallas, cuyos frentes se confunden y se diluyen ante nuestros ojos y de las que nadie se atreve a auditar ni sus causas, ni sus consecuencias. El nuevo y deshumanizado periodismo, famélico de actualidad y adicto al conflicto, metáfora de nosotros mismos, la otra gran cuestión que trata esta película, que sobrevive más preocupado por estar que por ser, inmune al dolor ajeno y capaz de matar por una fotografía, por una declaración, por una exclusiva, ha dimitido de ello. Un periodismo que coarta su plan de trabajo en pos de una falsa objetividad y que deja el peso moral de la interpretación de los hechos en manos de la opinión pública.
(...) Una obra como esta, que ensalza el poder de las imágenes y que pone al mismo nivel de impacto el click de una cámara Leica y el estallido de las balas de un subfusil de asalto, tenía que ser visualmente poderosa. 'Civil War, como todas las obras de Alex Garland, lo es. Hay más cámara en mano de lo habitual, que sirve para meternos a ras de guerra y de paso, sacarnos de la plácida trinchera en la que convive una colección de planos más arty, que reposan imágenes que aspiran a la trascendencia, en un terrorífico clima. Una atmósfera cálida y nerviosa que se debate entre la pesadillesco y lo postraumático.
Garland ha cuidado al máximo estos detalles que definen lo mejor de su cine. Pero aquí, a quien ha consagrado en un protagonista más de la historia que nos ha querido contar es al sonido. Su inmersiva intervención en las escenas de acción bélicas, acercándola lo más posible a la realidad, dan auténtico pavor. El estruendoso ruido y los posteriores silencios que provocan la artillería que oímos en esta película, la convierten de facto en una cinta de terror. Si las guerras suenan igual que en 'Civil War' no quiero ser testigo de ninguna de ellas.
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